
Un proyecto de la Universidad Adventista de Chile convierte el escobajo de la uva en un biomaterial compostable con nanopartículas de cobre, capaz de prolongar la vida útil de los frutos y reducir el impacto ambiental en la región de Ñuble.
El proyecto Ñuble Ecopacks: Economía Circular y Sustentable, financiado por el Gobierno Regional de Ñuble a través del Fondo de Innovación para la Competitividad Regional (FIC-R), surge como respuesta a la problemática de los viñateros del Valle del Itata: los grandes volúmenes de escobajo de uva que suelen terminar quemados, generando emisiones contaminantes. La iniciativa propone transformar este residuo en un biomaterial útil para la industria alimentaria, especialmente en el envasado de berries.
El equipo de investigadores desarrolló un empaque recubierto con nanopartículas de cobre que se liberan de manera gradual sobre la superficie de los frutos. Las pruebas demostraron que los arándanos pueden conservarse en buen estado por más de 14 días, evitando la aparición de hongos y mohos. Incluso a los 90 días de almacenamiento, la fruta se mantiene libre de estos organismos, lo que representa un avance significativo frente al uso de plásticos convencionales.
A diferencia de los envases plásticos, este biomaterial es completamente compostable y no deja residuos tóxicos ni microplásticos en el suelo. Las nanopartículas de cobre cumplen su función antimicrobiana durante la vida útil del empaque y luego se estabilizan en el proceso de compostaje, sin afectar microorganismos benéficos ni cultivos posteriores. De esta manera, el envase no solo evita la contaminación, sino que aporta materia orgánica al terreno, cerrando el ciclo de la economía circular.
El éxito del proyecto se debe a la articulación entre la academia y el Estado regional. La Universidad Adventista de Chile aportó el conocimiento científico, mientras que el Gobierno Regional de Ñuble brindó financiamiento y respaldo. Esta colaboración permitió transformar un problema ambiental en una solución concreta que protege los alimentos locales, potencia la economía y demuestra que la innovación sustentable es posible cuando se trabaja en conjunto por el desarrollo del territorio.
