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Columna de Opinión | “Familias de origen: acompañar para proteger” | Virginia Alvayay

Hay decisiones que ninguna persona debería enfrentar en soledad. Una de ellas es la de una madre, un padre o una familia que atraviesa dificultades significativas durante el embarazo o en el ejercicio de la parentalidad y se pregunta cómo asegurar el bienestar de un niño o niña.   

Para responder a esas situaciones existe el Programa de Apoyo y Orientación a la Familia de Origen, una herramienta que guía el trabajo de las Unidades de Adopción en Chile y que pone en el centro algo fundamental: las personas necesitan ser escuchadas, orientadas y acompañadas para tomar decisiones informadas respecto de su situación familiar.

La normativa reconoce que muchas familias enfrentan contextos complejos, asociados a dificultades económicas, las circunstancias del embarazo, escasas redes de apoyo o la percepción de no contar con las habilidades parentales necesarias para asumir la crianza. Frente a ello, la respuesta del Estado no puede ser el juicio ni la presión, sino la entrega apoyo psicológico, asesoría jurídica y orientación a través de equipos especializados que entregan información clara y orientación oportuna.

Uno de los aspectos más valiosos de este programa es el proceso de discernimiento. Se trata de un espacio protegido donde las personas pueden reflexionar sobre las distintas alternativas disponibles, comprendiendo sus implicancias y ejerciendo su derecho a decidir de manera libre, consciente y responsable. Cuando existen condiciones para fortalecer las capacidades parentales, corresponde movilizar apoyos y recursos que permitan a la familia asumir el cuidado de sus hijos e hijas.

Al mismo tiempo, la normativa reconoce que existen situaciones en las que, tras un proceso serio de reflexión y acompañamiento, algunas familias consideran que la adopción puede representar una alternativa que resguarde de mejor manera el bienestar y desarrollo del niño o niña. En esos casos, el respeto y la sensibilidad hacia  quienes viven este proceso resultan esenciales.

Otro aporte relevante es que incorpora una mirada inclusiva y respetuosa de las diversas realidades familiares. El programa considera la participación del padre biológico y, según cada caso, de la pareja o la familia extensa de la madre. Asimismo, reconoce las necesidades de familias migrantes y de pueblos originarios, promoviendo apoyos culturalmente pertinentes y un acompañamiento emocional adecuado para quienes atraviesan estos procesos. Junto con ello, resguarda el derecho de niños, niñas y adolescentes a conocer sus orígenes. En definitiva, hablar del Programa de Apoyo y Orientación a la Familia de Origen, es hablar de protección, acompañamiento y responsabilidad compartida. Cada niño, niña y adolescente tiene derecho a crecer en un entorno familiar que le entregue afecto, estabilidad y cuidados. Para lograrlo, también debemos ser capaces de acompañar con humanidad y respeto a quienes enfrentan decisiones complejas, fortaleciendo a las familias cuando ello sea posible y garantizando siempre que el interés superior del niño o niña sea la principal consideración.       

Virginia Alvayay Neyra      
Directora Regional del Servicio de Protección  

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