
- La jornada incluyó un recorrido por el Centro de Cumplimiento Penitenciario y el CET, junto a autoridades de Gendarmería y representantes de la Iglesia.
Acogiendo una invitación de gendarmería, el obispo de Chillán, Mons. Andrés Ferrada Moreira, visitó los centros de cumplimiento penitenciario de Yungay, incluyendo el Centro de Educación y Trabajo (CET), en una instancia marcada por el encuentro con personas privadas de libertad y funcionarios de la institución.
La visita se realizó junto a la hermana Patricia Martínez, delegada de la Pastoral Social de la Diócesis de Chillán; Julia de la Fuente y Mauricio Águila, ambos de la Vicaría Social de la diócesis; el párroco de la Parroquia San Miguel de Yungay; y el diácono Gabriel Fuentes, reforzando la presencia de la Iglesia en contextos de encierro.
Durante su recorrido, Mons. Ferrada destacó el sentido profundo de esta misión, señalando que “para la Iglesia visitar a las personas privadas de libertad no es sólo algo hermoso que expresa nuestro amor, sino es un mandato. Respondemos al mandato de Jesús: estuve en la cárcel y me fuiste a ver”.

En esa misma línea, hizo un llamado a la comunidad: “queremos, hermanos y hermanas de Yungay, invitarlos a que se incorporen, el que así el Señor se lo sugiera, a la pastoral penitenciaria para venir a estos centros y compartir la fe y la palabra de Dios con nuestros hermanos”.
Por su parte, el coronel Miguel Álvarez Garrido, Director Regional de Gendarmería en Ñuble, valoró la instancia destacando el rol de la espiritualidad: “la seguridad y la reinserción… uno de los pilares importantes es la espiritualidad, el apoyo espiritual. Siempre va a ser necesario dentro de una cárcel el apoyo y la colaboración por parte de la comunidad”.
Además, agradeció la visita señalando que este tipo de iniciativas se desarrollan en toda la región: “hemos hecho una visita importante acá en Yungay, también lo estamos desarrollando en toda la región de Ñuble, pero siempre es importante el apoyo espiritual para las personas que están recluidas”.
En tanto, la hermana Patricia Martínez reforzó la invitación al compromiso comunitario: “nuestros hermanos que están recluidos necesitan de nuestra presencia, necesitan esa fraternidad para que ellos sigan siendo y se sientan personas dentro de esta sociedad”.
Finalmente, destacó el trabajo colaborativo que se busca fortalecer: “queremos seguir trabajando en las diversas cárceles de nuestra región para poder aportar nuestro granito de arena, ya sea con proyectos y también la presencia y la palabra del Señor”.
La delegación pudo, en ambos centros, dialogar con las personas privadas de libertad y conocer sus principales necesidades, especialmente en el ámbito de los sacramentos y el acompañamiento espiritual.
La jornada permitió generar espacios de encuentro, reflexión y esperanza, reafirmando el compromiso de la Iglesia y de distintas instituciones con la dignidad humana y la palabra de Dios.

